Otro día mas que no sonó el despertador, prendo la
televisión para mirar las noticias y la hora, hay paro de taxis en toda la
capital federal, son las nueve y
veintisiete se suponía que en menos de cinco minutos debería estar en la parada
del colectivo para ir al trabajo, si pierdo el colectivo serian quince minutos
más que no puedo perder.
Pongo a calentar el agua mientras me visto, cuando es cucho
el chiflido de la cafetera saco el agua
la coloco en un termo y preparo la yerba para el mate, maldita
monotonía.
La monotonía, esa sensación de que algo es repetitivo y
llega el momento en el que te cansas de seguirlo haciendo, es como estar perdido
y pasar varias veces por la misma cuadra, saber que es la mima cuadra y no
encontrar una calle distinta, y luego notamos que es una rotonda, la rotonda de
la vida.
Huy si me olvide, ¡estoy llegando tarde!, mejor me apuro me
use un traje, me colgué el maletín y ya con el termo en el brazo y mate en mano
salí en busca de más monotonía de al que me rodeaba, afuera de mi departamento
el mismo pasillo, siempre el mismo. Era todo tan monótono que ni siquiera era posible la idea de quedar encerrado en el
ascensor, por que vivía en planta baja, la llave abrió como siempre, y fui
hacia la parada.
Ya estaba en frente
de la parada, preparado para cruzar veía de lejos que venía el colectivo a dos
cuadras, cuando justo cambia el semáforo y no puedo cruzar, el colectivo pasa y
para en la parada mientras suben tres personas, tal vez si corro llego, el
semáforo tardo unos treinta segundos más en cambiar y en eso me puse a correr
media cuadra hasta la parada, justo cuando llego a la puerta del colectivo
cierra rápidamente la puerta y arranca como si no hubiese mañana, otra vez un
viernes perdiendo el colectivo de las nueve y media, decidí ir caminando, al
fin y al cabo ahorraría unos cinco minutos y no sería la primera vez que lo
hacía, pero tampoco la última. Las dos primeras cuadras las hice como si nada,
pero en la tercera ya me daba ganas de tomar unos mates así que los fui
preparando mientras caminaba. Todo seguía igual, no pasaba nada un día igual a
todos los otros días una historia ya contada, estaba cruzando la calle cuando
se me cae el mate escucho una bocina creciente, miro para la derecha y veo una
luz en mi rostro, luego no recuerdo nada más.
¿Estoy muerto?, no lo estoy, o sino no podría estar contando
esta historia, de como un monótono día hizo que me dé cuenta de algo, para que
vivir si siempre va a ser lo mismo nunca nada cambia y se repite todos los
días, pero la monotonía en este día fue distinta, ahora estaba en una camilla,
sin poderme mover, cuadripléjico solo me quedaba la cabeza, todo lo demás era
un peso muerto con lo cual me mantenía vivo, aprender a vivir positivamente y
como si cada día fuera el ultimo no es fácil pero se puede lograr, ese fue el
ejemplo que llevare y así será hasta que mi corazón deje de latir.
FIN